28 Julio de 2011

Límites sin seguridades

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Él se altera, se levanta de la silla y comienza a hablar con un tono agresivo, no más agresivo del que ha utilizado la jueza y fiscal. Los policías se abalanzan sobre él, le esposan y se lo llevan, como si de un delincuente peligroso se tratara. Yo me acerco a él, le toco el brazo, le digo varias cosas pero él no reacciona hasta que de mi boca sale un Te quiero mucho.

Las contenciones (contener es reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo. Reprimir o moderar una pasión) físicas no te tranquilizan, ni te detienen, tan sólo te aniquilan como persona, te anulan. Reaccionas al amor, a la voz que te transmite cariño, a las palabras que te valoran.
Es costumbre en los centros de reeducación del menor infractor hacer uso de cientos de contenciones físicas, donde prima la fuerza. Se abusa cotidianamente de estas contenciones como modo de poner límites,  castigar o  demostrar  la  superioridad  del educador. Incluso determinadas empresas piden  educadores  en cuyo perfil destaque la corpulencia física, conocimientos en defensa personal, boxeo…

Tomando algún Protocolo y /o Reglamentos de Régimen Interno nos encontramos con que las contenciones físicas solo podrán utilizarse de forma puntual, en casos extremos y siempre para evitar que el menor se dañe. En la realidad se emplea en exceso esta medida, se aplica incorrectamente y se daña al menor no sólo física sino también psicológicamente.
Los jóvenes no son máquinas que haya que parar con impulso físico. Existe la palabra, la sonrisa, la mirada.

“Te puedo mandar a la mierda cuando quiera”- te respondo bromeando, pero para ti no tiene ni pizca de gracia. Te vas a tu cuarto, comienzas a hacer la maleta. Discutimos. Nos gritamos. Terminamos llorando juntos, pidiéndonos perdón.

En muchas de las ocasiones en las que  he visto alterarse a un muchacho llegando a enfrentarse a mí verbalmente y con actitud física amenazante, he sido yo quien ha provocado esa reacción inconsciente o conscientemente: poniendo en evidencia al chico delante de los compañeros, haciendo algún comentario que pueda herir los sentimientos del joven, reaccionando a la  defensiva … Después de muchos errores  he descubierto que es importantísimo pedir perdón, reconocer que te has equivocado, hacer ver al otro que sientes haberle hecho daño. Y por  pedir perdón no te rebajas a nadie, sino que te acercas más a la persona  porque  te muestras humano. Los chicos y chicas  no arremeten contra “los profesionales” porque sí, no se agitan por nada, han tenido que ocurrir muchas cosas antes de que eso pase. Quizás debamos prevenir, evitar que se den determinadas situaciones que generen inquietud, rabia, agresividad, impotencia en los muchachos y muchachas.
Hay  otras formas de tranquilizar, de contener  sin utilizar la violencia (que solo  genera violencia), sin necesidad de anular al otro.
Podemos ofrecerle un espacio abierto donde pueda desahogarse, gritar, correr…, canalizar su angustia, su rabia. Podemos tocarle una mano, ofrecerle un abrazo, transmitirle cariño, apoyo, ayudándole a volver en sí, dándole fuerzas para que pueda seguir avanzando. Podemos escucharle, ser esponjas de su rabia. Podemos acercar nuestra mirada a la suya, con cariño y  sinceridad.
La capacidad del ser humano para comunicarse es tan impresionante que no concibo cómo nos empeñamos en utilizar  tan sólo la fuerza, lo que separa,  lo más frío, lo más distante. No podemos ver al otro como el enemigo, porque de esta manera no hay forma posible de educar ni de que nos eduquen.
No se puede enseñar a asumir límites sin haber dado seguridades, y éstas sólo son posibles con tiempo,  desde la implicación y la cercanía, creando vínculos, dando confianza,  acompañando a la persona en su desarrollo. Sólo es posible dar seguridad desde  la naturalidad .

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Tienes todo el cuello marcado…., como si alguien te hubiera estrangulado. Me cuentas que uno de seguridad te ha dado… “Los educadores no tienen ninguna autoridad”, añades. “Siempre va con cada educador uno de seguridad”..
¿Dónde están  las respuestas educativas? ¿Se quiere reinsertar a un menor enseñándole que los problemas se solucionan a golpes? ¿Enseñándoles que siempre uno tiene que estar por encima del otro?
 Nos estamos equivocando si pensamos que es así como se reinserta a alguien, porque no es posible reinsertar a nadie si le hacemos perder su identidad, si le hacemos vivir situaciones límite donde ningún ser humano quedaría exento de exhibir su rabia y agresividad, si le hacemos creer que es malo, si le hacemos olvidar que hay gente que les quiere y apoya.
Una figura de autoridad anula la capacidad educativa .Así nunca se podrá crear un vínculo con el muchacho o la muchacha. Este es un claro ejemplo de que se está reprimiendo, no reeducando en los supuestos centros de reeducación del menor.
“Aquí no puedes pensar, ellos piensan por ti”, me comentas, entre susurros, en la distancia.
Y en la distancia nos quedamos, personas a las que no nos permiten la entrada en los centros por no ser familiares,  por pertenecer a una determinada asociación, por tener ojos y uso de la razón y… del corazón.
Vosotros no podéis pensar, nosotros no podemos actuar. Los muros no son sólo para quienes están dentro. Y nos engañan  diciéndonos que se les reeduca, se les reinserta, contándonos cientos de milongas, mientras la realidad se aleja mucho de lo que debería ser la educación.

Fuente: 
CANIJÍN
Por: 
Olga Morla Casado

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